lunes, 13 de octubre de 2014

Nuestro


Nuestro


Él es una sonrisa, fugaz pero decisiva. ¿Un suspiro? Quizá. Una carcajada al aire y un ataque de cosquillas.
Es grande pero pequeño al mismo tiempo. Íntimo, tuyo y mío. ¿Nuestro? Sí, nuestro.
No es contable, pero tampoco llega a ser incontable. Intermedio, surrealista, imaginario.
Es una ciencia exacta y un arte, salvaje y formal. A veces incluso parece aire.
Corto y largo, cambiante. De una forma u otra dependiendo de la persona, intenso o sutil pero siempre inolvidable.
¿Perfecto? Puede que lo sea, pero sin serlo. Perfecto e imperfecto al mismo tiempo. Malo y bueno, dulce y salado... ¿Amargo? Ácido.
Salvaje, indomable, como si del mar de tratara. Doloroso como una puñalada pero gratificante.
Infantil y maduro, equilibrado. ¿Alguien habló de un rayo? Eso es, parecía un rayo. Brillante y rápido.
Calmado. Paso a paso, avanzando, poco a poco, sin prisa pero a veces, con demasiada. Saboreándolo y también malgastándolo.
Buscado por todos, hallado por pocos. ¿Amor? Sol en invierno y brisa fresca en verano.
Es difícil olvidarlo.
Me gusta su sabor porque es distinto y su olor, a limones frescos y a rocío me recuerda al campo.
¿Amor? Pequeño, encerrado y libre. Con cadenas y sin ellas. Como un beso, tuyo y mío. ¿Nuestro?
Sí, nuestro.

viernes, 25 de julio de 2014

Verano con sorpresas... ¡Ya estamos en las redes sociales!



Secretos del Futuro en las redes sociales.


¡Hola a todos y a todas!
Tal y como lo oís, en Secretos del Futuro hemos decidido renovarnos un poco y ponernos a la moda, y... ¿Qué mejor maneras de hacerlo que entrando en el mundillo de la comunicación?
Lo primero que hemos hecho es adentrarnos en la jungla de twitter...




Y también estamos en ask:



Por supuesto, tenemos una cuenta de correo mediante la cual podéis contactar con nosotros:

secretosdelfuturo@gmail.com


¡Muchos besos!






En Cartelera... Bajo la misma estrella.



¡Hola a todos!
Hoy volvemos a inagurar sección con una crítica recién salida del horno... ¿Vamos allá?



Hoy en




Bajo la misma estrella



(el cartel está muy logrado ¿No creeis?)



Título: Bajo la misma estrella
Director: Josh Boone
Género: Según la ficha oficial, comedia y drama. Realmente… Dejemoslo en que todo es un efecto colateral de estar muriéndose. (filosofía de la vida y un poquito de cancer)
Sinopsis: A pesar de que un milagro médico ha conseguido reducir su tumor y darle unos años más de vida, Hazel (Shailene Woodley) siempre se ha considerado una enferma terminal. Sin embargo, cuando Gus (Ansel Elgort) entra a formar parte del grupo de ayuda para enfermos de cáncer juvenil, la vida de Hazel se transforma por completo. (sinopsis cutre)
Como no me gustan las sinopsis que he encontrado, escribiré mi propia sinopsis:
«No puedes elegir si te hacen daño en esta vida, pero sí puedes elegir quien te lo hace»
Augustus Waters-Bajo la misma estrella (libro)
La vida de Hazel Grace era fácil de resumir, empezando porque tenía poco de vida y bastante de muerte.
Hazel Grace se iba a morir, bueno, en realidad ya lo estaba haciendo.
Pasaba sus días leyendo el mismo libro, yendo al médico, viendo reality shows y asistiendo a un grupo de apoyo casi por obligación.
No era una buena vida la de Hazel Grace… Hasta que Augustus Waters entró en ella y con él, un pequeño nuevo (o muy viejo y olvidado) descubrimiento: La felicidad.
«`[...] El cancer es un efecto colateral de estar muriéndose. La verdad, que casi todo lo es.»
Hazel Grace- Bajo la misma estrella (libro)
Reparto: Shailene Woodley, Ansel Elgort, Nat Wolff, Laura Dern, Sam Trammell, Willem Dafoe, Lotte Verbeek, Ana Dela Cruz, Randy Kovitz, Toni Saladna, David Whalen,Milica Govich, Allegra Carpenter, Emily Peachey, Emily Bach, Mike Birbiglia
Opinión personal: Es fiel al libro. ¡Es fiel al libro! Casi no me lo podía creer al salir del cine, realmente, habían hecho una adaptación fiel al libro ¡Sin inventarse ni una sola escena! Parecía casi imposible que, con el argumento que tiene el libro, no hubieran intentado maquillar la película en exceso y sacarle el máximo partido (es decir, fastidiar todo lo bonito que tenía el libro y buscar vender a toda costa).
El libro (del cual tendré que hacer reseña, porque me lo leí hace un tiempo y se merece un hueco en el blog) es un libro lleno de reflexiones, realidades (cosa difícil en lo que viene a ser en todas las series, películas y libros que hablan del cáncer. No sería la primera vez que vemos a un enfermo de cáncer moviéndose libremente por el hospital e incluso subiendo a una azotea (con una energía impresionante para ser que no se estaba recuperando) sin que nadie intentara… No sé… ¿Pararle los pies?) Dejando de lado mis conflictos con las series de televisión, libros, películas… Que hablan sobre enfermedades (y se inventan un 98%)... Centrémonos en la película.
Como ya he comentado es una excelente adaptación cinematográfica, han conseguido captar la esencia de los personajes y hacer un gran trabajo. Mis felicitaciones a los guionistas, directores y actores.
Desde luego, el libro es mejor que la película (como en todos) pero es muy recomendable verla porque te dejan un buen sabor de boca al salir del cine.
Sobre la interpretación de los personajes (este era el punto que me parecía más difícil) me gustaría resaltar la actuación de Willem Dafoe que, como era de esperar, fue IMPRESIONANTE. La mejor actuación (para mi gusto) fue la suya, ya que, sinceramente, no creo que otro actor habría podido ser Van Houten mejor que él.
Lo cierto es que no veía mucho a Ansel Elgort como Augustus Waters antes de ver la película, pero la verdad es que me ha gustado mucho como lo ha interpretado y me ha convencido.Shailene Woodley creo que ha sido una perfecta Hazel Grace y que se ha adaptado muy bien al papel.

¿Qué más puedo decir?
Merece la pena ir a verla.

Puntuación:


3.5/5

martes, 22 de julio de 2014

Verano con sorpresas… ¡Nueva sección!



¡Hola!
Como ya comenté en entradas anteriores… ¡Este verano Secretos del Futuro trae gran cantidad de cambios y sorpresas! Y como se puede observar en el título, traigo una nueva sorpresa para vosotros…








¡Más secciones nuevas! Este verano, Secretos del Futuro va a dar bastantes cambios y va a traer muchas novedades que espero que sean de vuestro agrado. 
De los creadores de "Hoy ha caído en mis manos" llega…

*redoble de tambores*



●¿Cuál es esta nueva sección?
He decidido dividir la sección de "Críticas Cinematográficas" en dos secciones; aquellas películas que he visto pero que ya fueron estrenadas hace tiempo (Hoy ha caído en mis manos…) y aquellas que he visto en el cine, nuevos estrenos etc (En Cartelera).
En esta sección hablaré sobre nuevos estrenos y mi opinión sobre ellos.

●¿Cada cuanto colgarás nueva película?
Esto ya depende del tiempo que disponga y de mi asistencia al cine, pero intentaré ir colgando. Quizá caiga alguna en breves.


¡Espero que hayáis disfrutado de la entrada y no os olvidéis de comentar! 

Hoy ha caído en mis manos… Los Otros (2001)



¡Hola a todos!

Para inaugurar la nueva sección lo haré con una gran película del director español, Alejandro Amenábar, Los Otros. ¿Empezamos la crítica? ;)



Hoy en




Los Otros (2001)





Título: Los Otros.
Año de estreno: 2001
Director: Alejandro Amenábar
Género:  Terror psicológico, Suspense, Misterio, Drama, Cine de terror
Sinopsis: Es el año 1945 y recién finalizada la II Guerra Mundial, Grace (Nicole Kidman) espera el regreso de su esposo, que se encuentra combatiendo en la guerra. Grace es una mujer de fuertes creencias religiosas que vive en un apartado caserón situado en la Isla de Jersey en el Canal de la Mancha, con sus hijos Anne (Alakina Mann) y Nicholas (James Bentley), quienes sufren una extraña enfermedad que les impide mantener contacto con la luz.
Como respuesta a un anuncio de Grace solicitando los servicios de limpieza de la casa y cuidado de los niños; un día llegan los nuevos sirvientes, la señora Bertha (Fionnula Flanagan) y el señor Tuttle (Eric Sykes), junto a una joven muda llamada Lydia (Elaine Cassidy). Su presencia coincide con la aparición de extraños fenómenos en la mansión. Puesto que nadie más había respondido al anuncio y ante la necesidad de alguien que se ocupara de la casa, Grace no tiene más remedio que contratarlos.
Mientras va enseñando a los nuevos huéspedes la mansión, Grace advierte de las estrictas normas que han de seguir, especialmente de una: todas las habitaciones deben permanecer en penumbra, por eso no deben abrir una puerta sin haber cerrado la anterior. Para ello les hace entrega de un juego de 15 llaves que abren las 50 puertas que hay en la casa. Otra de las normas que han de seguir rigurosamente es la de cerrar las cortinas de las habitaciones, de tal manera que no entre ni un haz de luz, ya que Anne y Nicholas son fotosensibles y podrían llegar incluso a morir por ello, según afirma Grace.
El día a día en la casa transcurre tranquilamente entre las tareas del hogar y el jardín, y los estudios severamente religiosos que imparte Grace a sus hijos, que siguen esperando el regreso de su esposo y padre. Entre tanto silencio, Grace se siente temerosa de que cualquier sobresalto pueda afectar a sus hijos; los cuales, especialmente la niña, advierten a la madre de que allí viven fantasmas. Será entonces, y tras percibir extraños ruidos, cuando Grace intente averiguar lo que ocurre en la misteriosa mansión.

Reparto: Nicole Kidman, Alakina Mann, James Bentley, Fionnula Flanagan, Eric Sykes, Elaine Cassidy, Renée Asherson etc
Opinión personal: Llevaba en mi lista de pendientes un tiempo y al fin se me ha presentado la oportunidad de verla.Si tuviera que describir la película Los Otros solo podría decir dos palabras:
La primera sería, sin ninguna duda, chocante (y creo que cualquiera que la haya visto sabe porque he elegido este adjetivo) y la segunda impresionante.
Es la típica película de terror pero desde otro punto de vista, cosa que no se entiende hasta llegados al final.
La historia se plantea de tal forma que vas sacando tus propias conclusiones y que te va generando dudas cuando se va desarrollando la película, para que al final todo dé un giro de 180 grados y cambien las cartas. 
Es una película que para conseguir entenderla en su totalidad hace falta verla dos veces; una, vista con ojos limpios y para sorprenderte con el final y otra para prestar atención a los detalles y comprender las acciones de los personajes.
Una excelente dirección y un excelente reparto que dan lugar a una excelente película, que merece muchísimo la pena verla.
Me gustaría dar una opinión más extensa y profunda sobre la película, pero eso supondría estropearla para aquellos que no la han visto, lo único que puedo decir es que es de esas películas que hay que ver sí  o sí y que no te puedes cansar de hacerlo.
¿La recomiendo? 
¡Por supuesto!


5/5

Verano con sorpresas… ¡Nueva sección!


¡Hola a todos!

Después de mucho tiempo sin casi actividad (el instituto, lo siento) empiezo de nuevo dando fuerte en verano con una nueva sorpresa…




¡Exacto! Secretos del Futuro empieza con una nueva sección este verano. ¿Cuál es esa nueva sección? ¿De qué tratará? ¿Música, libros…? El misterio se desvelará en breves…

*redoble de tambores*








 ●¿Cuál es esa nueva sección?

"Hoy ha caído en mis manos…"

 ●¿De qué tratará?

La idea original es una sección en la cual hablo, opino y/o critico películas que he visto y son de hace algunos años.

●¿Cada cuanto colgarás nueva película?

Me gustaría colgar una cada mes o cada X semanas, pero también dependerá mucho del tiempo que disponga y de como vaya de liada. En verano intentaré ser más constante y abundante pero durante el curso… Ya se verá.


Por ahora, eso es todo… ¡Pero os aseguro que me volveréis a ver por aquí!


Feliz verano ^^


viernes, 18 de julio de 2014

Veronika Decide Morir





Título: Veronika decide morir
Autor: Paulo Coelho
Editorial: Booket
Género: Realismo, filosofía de vida.
Páginas: 240
Sinopsis: Veronika es una joven que tiene los mismos sueños y deseos que cualquier persona de su edad. Es guapa, cuenta con un buen trabajo y no le faltan pretendientes. Su vida transcurre sin mayores sobresaltos, sin grandes alegrías ni grandes tristezas. Pero Veronika no es feliz. Por eso, la mañana del 11 de noviembre de 1997, Veronika decide morir. Sueños y fantasías. Deseo y muerte. Locura y pasión. Veronika, en su camino hacia la muerte, descubre que cada segundo de la existencia es una opción que tomamos entre la alternativa de seguir adelante o de abandonar.
Opinión personal: Impresionante.
Y con impresionante no me refiero a que “esté genial” o “me haya gustado mucho”, no, con impresionante me refiero a que es el libro que más me ha podido marcar hasta el momento.
Ya había leído libros de Coelho con anterioridad y están todos ellos entre mis favoritos pero en este caso se declara vencedor en la categoría de libros favoritos sin ninguna duda.
Desde el inicio, el autor consigue cautivarte con sus palabras mediante una buena narración, sin excesivos adornos, siendo fácil de leer pero sin resultar ligera y simple. Con peso pero sin llegar a ser excesivo y aburrirte en tu lectura.
Los personajes están bien construidos, se abren ante ti sin tapujos o vergüenzas, te metes en su intimidad, en sus pensamientos, preocupaciones… Te muestran un mundo distinto, salvaje, un mundo que todos deseamos cruzar pero nadie se atreve. Paulo Coelho consigue que te veas reflejado a ti mismo en los diferentes personajes que aparecen en la historia.
Porque, aunque el título te hable de muerte, el libro habla de vida. Porque sí, Veronika decidió morir y murió. Murió de forma filosófica, dejó atrás su anterior yo y se descubrió a si misma. Se dio el placer de abrir sus puertas, de no tener miedo a mostrarse tal cual, a sorprenderse. A mirarse al espejo y verse realmente reflejada en él, sin miedo a ser lo que es, sin límites establecidos.
Veronika decide morir es un canto a la vida que nos enseña, entre otras cosas, que si en esta vida “loco” es aquel que decide cumplir sus sueños, hacer lo que le gusta, mostrarse al mundo tal y como es, sin miedo a lo que digan los demás… Merece la pena estar loco.
Muy recomendable.


Puntuación:


5/5

lunes, 16 de junio de 2014

El Ladrón de Cartas


¡Hola! 
Después de mucho tiempo... Os dejo el relato que presenté al concurso literario de mi instituto, espero que os guste.

El Ladrón de Cartas

«¿Estás seguro de que todas tus cartas llegan a tu buzón?»



El Ladrón de Cartas: Los cimientos

Mi profesión era como otra cualquiera, igual de corriente y usual. Llena de gente con la que tratar, de cortesías, de horarios y, seamos sinceros, llena de aburrimiento y monotonía. Cada mañana sucedía lo mismo, cuando se asomaban las primeras luces del alba, subido en mi bicicleta o a pie, me paseaba por los barrios residenciales. Por sus largas calles, con casas de colores suaves, con sus jardines bien cuidados. ¡Ah, tranquilidad y silencio! Mis dos grandes compañeros. ¿Por dónde iba? ¡Oh, sí! Los barrios residenciales, como iba comentado, en sus limpias calles reinaba el silencio, el único ruido que se podía oír era el de mis botas crujiendo bajo mi peso y lentamente, iba repartiendo mis cartas en los distintos buzones. Las cartas… Encerradas en sobres, con mil cosas que contar, llenas de apasionantes historias, las cartas… ¡Viajeras sin pasaporte! Mil hombres tocaron esas cartas antes que yo y mil hombres las iban a tocar después. Las cartas… Tu confidente, tu gran amiga o enemiga, encierran pasiones secretas, mentiras ocultas, verdades desenmascaradas… ¡Enigmáticas cartas! ¿Qué haría el hombre sin ellas? Pero, volviendo al tema principal… Yo era cartero. Sí, uno de tantos, un hombre que reparte cartas para otros, días tras día, mañana tras mañana… ¡Hasta el absoluto aburrimiento!

Siempre me gustaron las cartas, de joven escribía muchísimas. Recuerdo el sentimiento de emoción que corría por mis venas al ver que había cartas nuevas, solamente la idea de recibir una hacía que por mis venas corriera el nerviosismo, la euforia, la impaciencia. Cuando empecé a ejercer como cartero, al mirar las cartas, no podía evitar preguntarme ¿Qué dirán? ¿Quién las escribirá? ¿Qué historia encerrará cada una de ellas? Al principio, todo eran preguntas inofensivas, dudas que mi subconsciente creaba en los momentos de soledad. No les hacía mucho caso, tampoco era necesario responderlas para seguir viviendo tranquilamente, culpaba al aburrimiento de mi curiosidad, que, al fin y al cabo, no era tan mala a la hora de repartir cartas. De hecho, resultó ser un buen pasatiempo el hecho de imaginarme el contenido de las cartas, la reacción de los receptores… Un simple juego para pasar el rato, vamos. Hasta que se convirtió en algo más.

Las simples preguntas, se convirtieron en afiladas flechas que atravesaban mi pensamiento constantemente, de día y de noche, por la tarde y por la mañana, despierto y dormido. En cualquier momento, me perseguían las imágenes de los sobres, con sus sellos, los nombres escritos, la caligrafía, el tacto del papel del sobre… Hasta el punto de hacerme enfermar. El deseo de abrirlas, de leer su contenido, de absorber cada punto, cada coma, escrita en el texto. De saborear cada palabra, frase, sílaba de la carta… Crecía sin pausa y cada día se hacía más intenso, hasta que El Deseo, pasó a ser La Necesidad. Necesitaba realmente leer esas cartas, quedármelas, guardármelas para mí. Mi cuerpo, mi mente, me lo pedían, lo ansiaban hasta tal punto que el hecho de negarme a mí mismo hacerlo, me hacía caer enfermo. Y así fue como pasé de cartero a Ladrón de Cartas.

Para ser Ladrón de Cartas no hay que robar cartas así como así, no es un “Eh, mira, una carta, voy a robarla”, en absoluto. No la robas por el hecho de que sea una carta, la robas porque es la carta. Es aquella carta que te llama, que te intriga, que cuando la ves, las siente, la tienes entre tus manos… Tienes la sensación de que si no la lees en algún momento de tu vida, esta no merece la pena. Puede ser por el remitente, por la caligrafía, el sobre, los sellos, puede ser por cualquier elemento de la carta que haga que enloquezcas si no la lees. ¿Realmente sabes si va a merecer la pena? No, nunca lo sabes ¿Pero sabes qué? Allí está la gracia. Por poder, puede haber incluso un caimán dentro de la carta, tú no lo sabes, es tu decisión si la abres o no. Si haces caso a todo tu cuerpo, si sigues lo que te dicta tu naturaleza o dejas escapar otra historia. Todo parece controlado al principio, crees que tú eliges cuales coges y cuáles no… Error de principiante. Tú nunca eliges la carta, ella te elige a ti.

Recuerdo la primera carta que me llamó, que me eligió. El sobre era de color marrón claro, nada fuera de lo común, con dos sellos. En el lomo, con una caligrafía grande y clara, decía lo siguiente:


Sr. Antonio Pérez Sarraseca

Calle Paralelo, Nº 13

BURGOS(*)


En principio todo correcto, la carta no me llamaba excesivamente “Una más” me dije. Pero cometí el error (o la más correcta de mis decisiones) de mirar el remitente y no era otro, nada más y nada menos que…

Sr. Leopoldo Montes de Oca

Calle Perpendicular, Nº4 – 6ºD

VALLADOLID(*)


El remitente fue la chispa que inició la explosión. Varias sensaciones explotaron en mí, curiosidad, deseo, la ansiedad… Ni siquiera pude pensar lo que estaba haciendo, mi mente se encontraba paralizada, el sudor frío recorría mi espalda pero mis piernas no se detenían y llegados a un instante, cayó sobre mí una inquietante seguridad, que venía acompañada de la tranquilidad. Mi cuerpo reaccionó solo, sin temores ni vacilaciones, como si llevara toda la vida haciendo esto o como si hubiera sido creado para ello. Coloqué varias cartas sobre mi mano, ocultando mi objetivo entre ellas y cuando las iba a dejar en el buzón… Deslicé la carta por mi manga, y seguí mi camino como si nada hubiera pasado. Jamás me había encontrado tan sereno ante tal situación. Aunque a decir verdad, jamás me había encontrado en esa situación.

El Ladrón de Cartas: Los Pisos.

Después de esa vez surgieron más y más. Tantas que ni yo mismo puedo recordar, algunas las recuerdo especialmente porque fueron especiales. Sí, especiales, dejaron una mella en mi memoria que, aunque el paso del tiempo no cesa y cada vez es más dañino, nunca podrá ser borrada.

Recuerdo llegar a casa, después de un agotador día de trabajo pero sin llegar a estar cansado. Colgaba mi anorak en el perchero, sacando antes con cuidado mis cartas, e iba corriendo hasta mi despacho, con mis pequeños tesoros en la mano. Me sentaba, y sin mayor demora comenzaba a abrir una carta de forma extremadamente cuidadosa, procurando abrirla de tal modo que luego pudiera volver a cerrarla. Por alguna extraña razón, si rompía el sobre me sentía mal, como si hubiera roto un preciado objeto que no me pertenecía. Una vez abierta aspiraba su olor, porque el aroma de una carta varía dependiendo del momento en el que se encuentre y, al menos para mí, cuando está recién abierta es cuando realmente huelen a gloria. Después de deleitarme con su esencia, cogía con delicadeza y sumo cuidado la carta, con miedo a que se desvaneciera entre mis dedos. La abría ante mis ojos, recorriendo con mis dedos todas las rugosidades del papel y daba comienzo a la lectura de mi preciada carta. La leía una, dos, tres veces… La releía, me paraba en cada letra, acento, punto… Estudiaba cada pausa, cada expresión, cada elemento del texto, vaya. Leía la carta hasta que se grabara a fuego en mi memoria, la estudiaba hasta conocer al autor y a aquel al que iba dirigida la carta. Y cuando no podía estudiarse más la carta ni a sus dos dueños… Entonces, la volvía a doblar, la metía dentro del sobre, lo cerraba y archivaba mi tesoro junto a todos los demás, en el cajón correspondiente.

Tuve grandes decepciones, no todas las cartas que robaba contaban grandes historias, de hecho la gran mayoría no lo hacían pero, por suerte, había algunas que sí. Esas eran las cartas que me animaban a seguir siendo Ladrón de Cartas, porque, como comprenderás, corría un grave riesgo. Ya se sabe, gajes del oficio que hay que asumir, pero más de una vez me hicieron replantearme si seguir con mi nueva profesión. Muchas veces me obligué a mi mismo a dejarlo, a seguir repartiendo cartas como cualquier cartero normal, o mejor dicho, lo intenté. Juro que lo intenté por todos los medios, pero la tentación era grande y la carne es débil… Y caí. Las cartas me susurraban, me pedían, ¡suplicaban! Que las abriera, que las liberara de sus secretos… Que fuéramos confidentes juntos. Mis manos temblaban al sostenerlas, el mundo comenzaba a dar vueltas y sentía como la energía iba poco a poco alejándose de mí, huyendo de mi cuerpo y dejándolo, débil; sin fuerza; agonizante; en este mundo, moviéndose sin saber a dónde. Yo sabía cuál era la cura de mis males, lo que haría cesar mi suplicio… Era tan fácil, solo tenía que deslizar la carta hacia el interior de mi manga cuando nadie mirara y todo acabaría. Solo quería acabar con el dolor… Y, para qué mentir… Deseaba con toda mi alma abrir esas cartas.

Las cartas pasaron a ser parte de mí. Como un brazo, una pierna, como un ojo. Ellas me pertenecían, yo era suyo y ellas eran mías. Éramos nuestros. Se me erizaba el vello con tan solo acariciar su papel, la sola idea de poder rozarlas producía en mi un sentimiento mucho mayor que la alegría y la emoción juntas. Así fue como conocí la euforia. La satisfacción que me creaba el leer uno de mis tesoros y encontrar en él una historia merecedora de ser robada por mi persona, producía en mi tal sensación de satisfacción y orgullo que habría gritado de júbilo cada vez que me pasaba. Por supuesto, nunca lo hice, debía ser discreto.

Pero, deberíamos volver al tema principal, nos estamos desviando mucho… ¡Las cartas! Las hay de todo tipo, tamaño, clase, y olor. Están aquellas cartas que cuando la gente las ve se les suele caer el alma a los pies, esas a las que todo el mundo odia y que si fuera por ellos, no las volverían a ver nunca más en toda su vida… En esta categoría suelen entrar las facturas. Luego están aquellas a las que nadie hace mucho caso, que si están bien y si no están… Pues también. Allí entran las felicitaciones de navidad de parientes con los que te llevas ni fu ni fa (tirando más para mal que para otra cosa), y las de asociaciones y demás de los demases, de las que eres socio (eso sí, que nadie niegue que cuando estamos en las festividades mencionadas todos las colocamos en la entrada como decoración, nos importe o no lo que esté escrito dentro). También están esas cartas que te hacen gracia, esas que siempre son agradables recibir, las que se te dibuja una sonrisa porque te traen algún recuerdo. Allí entran las de amigos de la infancia, gente que no veías desde hace mucho y postales que te mandas a ti mismo cuando vas de vacaciones. ¡Todavía hay más! Ahora vendrían las de amor, sí, esas en las que dos enamorados se ponen empalagosos y sacan toda su cursilería contenida (y de las que, leyéndolas años después, cuando la llama de amor se apaga o la madurez sustituye en gran medida a la locura, te da vergüenza lo que has escrito o mejor aún, te hace reírte un buen rato). Aquí entran las cartas que le enviabas al noviete o la novieta cuando estabas en la adolescencia. Ahora mis favoritas, yo las llamo las cartas para guardar ¿Cuáles son? Son aquellas escritas desde el corazón (no, no me refiero a las que hemos nombrado antes), son las que al recibirlas se te escapa una lágrimas o das mil gracias a quien las mandó. La primera carta escrita por tu hermano pequeño, cartas de apoyo ante una situación difícil, cartas de agradecimiento, cartas que alguien te escribe para decirte, simple y llanamente lo mucho que te quiere. La carta de un amigo, para intentar animarte… Creo que sabes a qué cartas me refiero ¿Verdad? 

Las cartas eran mi forma de vivir. Sí, al leerlas, al sentir su tacto, saborear sus letras, percibir solamente su olor… Mi cuerpo, cansado, magullado, falto de vida, absorbía energía de ellas. Energía vital. Esa energía que yo ya no tenía. Las cartas, me daban vida, una vida que yo había perdido porque… ¿Qué tenía yo sin las cartas? Nada. No era nada, no tenía nada, no llegaba siquiera a poder considerarme un vivo. Mi cuerpo, sin ellas, seguiría funcionando, estaría médicamente vivo, sí, no lo niego. Mis piernas seguirían caminando sin rumbo definido, pero mi mente, mi alma… Se habrían desvanecido. No existiría una gota de vida en mí. Sería un muerto emocional. Las cartas me daban todo lo que yo no tenía.

Porque, queridos amigos, cuando alguien ejerce por primera vez de Ladrón de Cartas. Cuando desliza por primera vez una carta que le llama por su manga, cuando se queda para sí una historia… Una vez que lo ha hecho… Firma un contrato. Un contrato que te une a la Muerte y a la Vida al mismo tiempo. Que te hace morir en ese instante y vivir para siempre.

Creo que no me estoy explicando claramente… A lo que me refiero es que cuando te conviertes en Ladrón de Cartas te vuelves inmortal. Inmortal para vivir de las cartas, de sus historias, para vivir de la energía que ellas les aportan… Lo que estoy diciendo es que cuando un Ladrón de Cartas deja de robarlas, es entonces y solo entonces, cuando se adentra en la Muerte. Por eso estoy aquí hoy.

Porque voy a morir.

El Ladrón de Cartas: El Último Piso.

Sí, voy a morir. Moriré lenta y dolorosamente. Sufriendo de golpe, todo el dolor que he ido aplazando mediante cartas todos estos años. Morirá mi alma, y ella arrastrará a mi cuerpo lejos de este mundo. Sentiré, el castigo por incumplir el trato, cada uno de los días en los que tenga la desgracia de poder respirar. Mi mente, poco a poco, se apagará. La energía vital se desvanecerá. ¿Y qué seré yo entonces? Seré un vivo, sí, pero un vivo muerto. Caminaré, respiraré, dormiré y despertaré pero detrás de los huesos y la carne, detrás de la piel y la sangre… Solo habrá vacío. Solo habrá nada. Habré abandonado mi cuerpo, mi recipiente, sin llegar a morir pero sin estar vivo del todo. Abandonando el mundano capricho de ser inmortal para fusionarme con la tierra, para sentirme polvo y renacer. Sin llegar a vivir pero sin estar muerto.

Pero soy incapaz de seguir dependiendo de algo que [aunque me haga sentir vivo, aunque me hagan sentir muerto.] me controla, me obsesiona, me aleja de semejante manera, que es como la más potente de las drogas, que el no tomarla se convierte en la más cruel tortura. Robando, no solo cartas, robando trozos de vida, cambiando, para bien o para mal, el futuro de personas que nunca llegaré a conocer. Yo robaba cartas, primero por placer, luego por ansiedad y por último por necesidad… Sin ser consciente del daño que provocaba. Por desgracia, me di cuenta demasiado tarde.Demasiado tarde para mí, pero no para ellos.

Nunca he deseado hacer daño a nadie. De hecho, recuerdo que de joven quería cambiar el mundo, hacer algo bueno… Un sueño típico, lo sé, pero lo tenía. Era buena persona, pero luego pasé a ser un monstruo o igual siempre lo había sido… Quién sabe. Sigo queriendo enmendar mis errores y dirás que es imposible después de tantos años. No lo es, existe una opción. Una opción que traerá consigo la tempestad y la calma, que me permitirá cerrar los ojos y tener la conciencia tranquila después de muchísimos años. La opción que me matará, que me dará la más dulce de las muertes, ya que moriré haciendo lo único que puedo hacer para arreglarlo todo. Lo único que un Ladrón de Cartas no puede hacer.

Devolverlas.
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