jueves, 29 de marzo de 2012

Los pensamientos que el viento se llevó.



Saludos hoy os traigo un pensamiento que relata la realidad de mi vida:

Cada día.
Cada noche.
Nos matan nuestras malas acciones.
Somos humanos ¿qué esperábamos? nuestra humanidad que es parte de nosotros,y nos hace sentir.
Lo bueno y lo malo.
Oímos las risas y los lamentos.
¿Por qué?
Porque eres humano y tu humanidad te da sentimientos, con los buenos te hace reír y con los malos te mata, te hace sentirte morir en vida, porque te desgarran las entrañas con un frío puñal de hielo.
La humanidad te aleja de la objetividad y de la frialdad, y te hace sentir empatía, te hace ser compasivo o compasiva, te hace sentirte alegre, te da una esperanza que puede que sea falsa, pero te da fuerza para vivir.
Humanidad... la que te hace sentir celos, remordimientos... pero quizás, igual me equivoco, pero quizás lo bueno que te hace sentir compensa a lo malo, solo quizás, nunca se sabe ¿verdad?
Pero ¡¡cuán estúpidos y estúpidas hemos sido!! porque solo sabemos cuanto queremos a alguien de verdad cuando o bien lo perdemos o cuándo ya le hemos soltado la mano y se ha caído al oscuro vacio.
Porque tu Señor, porque tu Universo o Vida, ¿por qué nos haces ser tan estúpidos? ¿por qué no nos has creado perfectos? ¿por qué si somos tuyos y tuyas y si nos a creado nos haces sufrir hasta morir? ¿por qué eres así? ya después de todo lo que me has hecho no creo que sea una prueba que me has puesto, porque si fuera así, no entiendo porque me has puesto tantas y tan dolorosas. Sinceramente si hay alguien allí fuera, cuidándonos o dirigiendo todo el mundo, no creo que sea amable, dulce o compasivo, sino un ser cruel, que nos odia.
Se que muchas personas no estarán de acuerdo con lo que digo pero no creo que sea la única, sino me creen, preguntárselo a esos niños que se mueren de hambre, a aquellos padres que ven como sus hijos se mueren, preguntárselo a aquellas personas que se pasan la vida en un hospital, no creo que os digan lo contrario a lo que os digo, pero cada persona tiene derecho a creer en lo que quiera.




Se que emanan tristeza y dolor, pero... pocos sentimientos dulces siento así que ^^u otro día mas.

lunes, 26 de marzo de 2012

Caítulo 2: Lilth

Bueno aquí tenéis el segundo capítulo de Unidas comentad diciendo si os gusta ;)


                                              Capítulo 2: Lilth
Una joven sin duda guerrera, mira desde las almenas el horizonte, dos de los tres soles se han puesto y el tercero está a punto, lo que significa que la joven debería estar de vuelta, la joven suspira.
–No puedo huir de mi madre siempre, me enfrentaré a mis errores y aceptaré mi castigo.
La joven se vuelve y se dirige hacia las escaleras, baja corriendo y llega hasta la primera planta, se dirige hacia una puerta de madera oscura llave y la abre, esa puerta oculta una habitación color celeste, con un gran balcón con preciosas vistas a la montaña, una cama blanca y grande, un pequeño tocador de mármol con utensilios de plata, un gran armario blanco con decorados azules, una estantería llena de libros, un espejo de cuero entero, una pequeña puerta, y lo que más llama la atención es un gran tapiz de una guerrera con la espada en alto.
Lilth va hacia el armario, lo abre, dentro hay varios vestidos de diferentes colores pero del mismo estilo: mangas un poco transparentes hasta el suelo, de cintura estrecha y largo hasta los pies.. Lilth se decide (sin pensarlo mucho) por uno blanco y va hacia la pequeña puerta que es un vestidor, minutos después sale, ha sustituido su armadura por el vestido, camina hacia el tocador y se mira en el espejo, una joven de pelo negro y largo, con ojos de un azul intenso le devuelve la mirada, Lilth asiente conforme, y empieza a peinarse,, ella no ve sentido a eso de tener que ir siempre perfecta, por el simple hecho de ser una princesa, como ya había dicho en ocasiones anteriores a su madre, ella pensaba que si era una princesa, estaba para luchar por su pueblo y gobernarlo bien, no para ir siempre impecable por lo que pensaran los otros reinos, de que le iba servir estar  perfecta en medio de una guerra, para nada por supuesto, pero aun así es su obligación ir siempre perfecta. Cuando acaba busca en el joyero algún pendiente discreto, luego se levanta y se va de la habitación rumbo al comedor.
Al fin llega a la gran puerta de roble, Lilth oye un sollozo apagado de su madre y se siente tremendamente culpable, así que sin más demora llama a la puerta.
–Adelante.
–Madre… soy yo.
–Lil, ooooh dioses que miedo he pasado por ti.
Lil corre hacia su madre La Emperatriz Cataline Wilcox que la abraza con todas sus fuerzas, pero al separarse Cataline Wilcox está tremendamente enfadada.
–Lilth siéntate.
–Lo siento madre.
–La que lo siente de verdad soy yo Lilth ¿sabes los peligros de la noche? ¿Sabes que es la hora de las sombras, cuando se aprovechan de tu miedo y absorben toda la esperanza que te queda, todas las ganas de vivir? ¿Sabes que lo hacen hasta dejarte muerta en vida? Sí que lo sabes Lilth y aun así te has ido.
-Soy una inconsciente madre, el enfado me cegó.
–Sí, sí que lo eres Lilth, yo… sinceramente no me esperaba que reaccionaras así, otra muchacha no me extrañaría, ¿pero tú? Sabiendo cómo eres, lo madura que has sido siempre me has sorprendido.
–Perdonarme, madre os lo ruego, no volverá a pasar.
–¡¡HE DICHO QUE TE SIENTES!! Es una orden.
Lil se sienta en una silla negra de madera pulida, con la cabeza gacha y observa a su madre, y al mirarla ve a una mujer de pelo dorado y recogido por un aro de oro con un pequeño rubí en el centro, alta y delgada, de tronco esbelto, musculosa, de ojos azul celeste, labios finos, nariz recta, viste con un vestido blanco y dorado. Su madre se sienta y ordena, con un gesto, a los nobles que se retiren.
–Lilth vas a cumplir 15 años.
–Lo sé madre, pero no es un edad importante.
–Te haré un regalo especial, porque si es una edad importante.
–Madre ¿tenéis algo… otra cosa que decirme?
-Sí, es cierto casi se me olvida, vas a pasar un temporada con tía Molly.
-¿Qué? No, madre, eso, no.
–Ooooh, si, Lilth, eso, si.
–No me llamo Lilth, mi nombre es Lil y me niego a ir allí.
–Como prefieras, Lil o Lilth, pero no estás en posición de elegir.
-¿Por qué?
-Porque te has escapado.
-¡¡NO HE SALIDO DE PALACIO!! Solo he ido a la almenas.
-¡¡Pues entonces porque lo digo yo!!
-¿Y quién eres tú para influir en mi vida?
-Lil no me pierdas el respeto.
-¡¡HAGO LO QUE QUIERO!!
Lil se ha levantado, roja de ira, su madre se ha levantado igual y tiene los labios peligrosamente apretados, Lil hace ademán de irse pero su madre la agarra del brazo, Lil siente como los dedos de su madre se clavan alrededor de su brazo, como si estuvieran hechos de hierro y sabe lo que va a pasar, cierra los ojos y ¡¡PLAFF!! El bofetón suena por toda la habitación.
–Soy tu madre y tu mi hija con eso debería bastarte.
–Madre lo siento no sé que me ha pasado.
–Tu escusa son las hormonas, pero aun así no te vas a librar del castigo, con hormonas o sin ellas, vas a ir a casa de tía Molly, porque además de demostrar que eres una adolescente, has demostrado que te he malcriado demasiado y que te irá bien que tía Molly te enseñe quién manda.
–Pero he sido una buena hija, solo ha sido esta vez solo una, el resto de mi vida he sido la hija ejemplar.
–Lo has sido pero ya era hora de que te comportaras como lo que eres una jovencita que tenía que hacer alguna estupidez.
–Pero… ¿Por qué a casa de tía Molly?
-¿Y por qué no?
-Vale iré pero estoy enfadada os aviso.
–Bueno puedo superarlo.
–Baaaaah.
–Ahora vuelve a tu habitación, te haré llamar a la hora de la cena.
Lil vuelve a su habitación, se tumba en la cama y releflexiona.
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